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Archive for 29 julio 2012

Hacer que WordPress te mencione en Twitter al compartir tu post


Desde hace algún tiempo vengo observando que hay usuarios de WordPress con cuenta en Twitter que no consiguen ser mencionados al compartir sus propios artículos.

Me explico. Al pie de los post suele haber los típicos iconos de Twitter, Faceboob, Google Plus etc para compartirlo en cada una de esas redes sociales. Cuando se comparte un artículo en Twitter y el autor tiene cuenta en esa red social lo correcto es que se termine el tweet del siguiente modo “vía @usuario”.

En lugar de eso me encuentro con muchos usuarios que al compartir su post el tweet termina diciendo “vía @wordpressdotcom” con lo que se pierde la autoría del artículo en Twitter.
A mi mismo me pasó hasta que se arregló sin saber muy bien porqué. Me puse a investigar los cambios que había hecho y me di cuenta de que era algo sencillo pero que a los autodidactas de WordPress (que somos la inmensa mayoría) se nos pasaba desapercibido.

¿Qué es entonces lo que hay que hacer para lograr que nuestro blog de WordPress nos mencione de modo automático al final de los Tweets en los que nuestros lectores comparten nuestros post? Tan sólo hay que entrar en el apartado “ajustes”, entrar en “compartir” y enlazar nuestro blog con nuestra cuenta de Twitter.

En realidad con eso lo que logramos es que nuestro blog escriba un tweet automáticamente al publicar nuestro post, pero de rebote le permitimos que nos mencione cada vez que alguien comparte nuestro post en Twitter.

Como véis es algo sencillo.

conseguir que wrodpress te mencione en twitter

Conecta tu cuenta de Twitter para que WordPress te mencione

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Condenados a engordar


Pues si, estoy convencido de ello, el ser humano está condedado a engordar por más que intente evitarlo y tengo una teoría para explicarlo.

Evidentemente mi teoría es pura especulación pero no deja de ser curiosa y, quién sabe, igual hasta tiene base científica, todo es posible.

Para explicar mi teoría necesito por un momento que nos fijemos en otros animales que nos rodean…bueno, no es necesario que nos rodeen, tan sólo basta con imaginárselos.

Pensad por un momento en un primate arborícola que coma fruta, sólo fruta todo el año. Que además viva en un ecosistema que le provee de esa fruta todos los días del año sin excepción. En tales condiciones su metabolismo, su cuerpo, sus genes, no necesitan aprovisionarse de reservas, no las necesita para nada, de modo que ese primate no sólo tendrá poca grasa en su cuerpo sino que además su cuerpo no sabrá cómo almacenar más grasa de la necesaria para vivir cómodamente.

pensad en otro animal diferente, en un león. Es evidente que en la sabána no hay Mercadonas felinos para comprar cuarto y mitad de cebra de modo que el sufrido león tendrá que cazar de vez en cuando para poder alimentarse.

Pero lo hará “de vez en cuando” y no todos los días. El león caza, se alimenta con su caza durante uno o dos días hasta que abandona los restos para las hienas y los buitres y no cazará otra vez hasta pasados unos días…¿no come en varios días? pero si eso es malísimo, lo dicen los médicos: hay que hacer 5 comidas diarias.

Pues me parece que al león le da lo mismo lo que digan los médicos. El león come hasta hartarse, hasta que no puede más y luego deja de comer hasta que vuelve a cazar. Y mientras tanto ¿no pasa hambre? pues no. Mientras tanto su cuerpo se alimenta de las reservas que ha acumulado con la cebra que se zampó un par de días atrás.

El león ha adquirido la facultad de comer más de lo que necesita en ese momento, lo acumula en su grasa corporal y lo utiliza para alimentarse hasta que vuelve a cazar. Es el modus operandi del cuerpo de los mamíferos carnívoros: come gran cantidad de comida altamente energética para acumularla, parte como reserva y parte como motor de la siguiente cacería. Una cacería necesita de un aporte extraordinario de energía.

En definitiva el león engorda cada vez que caza, sino fuera así perecería o tendría que cazar todos los días lo que lo hagotaría y le llevaría a la muerte por agotamiento. Acumular reservas es pues una cuestión de supervivencia para el león.

Pensad ahora en el primer primate que se bajó del árbol para emprender el camino que le llevaría hasta nuestros días, hasta el hombre moderno.

Es imposible para mi saber si ese primate estaba más o menos adaptado a acumular reservas. Es de suponer que si venía de un habitat de abundancia perenne no lo estaría pero puede ser que no fuera de ese modo; puede ser que viniera de un habitat de recursos limitados y estacionales. En ese caso si habría tenido una predisposición natural a acumular reservas, como el león.

Pero incluso en ese caso no sería suficiente. Una vez que el mono se bajó del árbol para convertirse en Lucy necesitó adaptarse a algo más duro, más escaso en alimentos, mucho más escaso.

¿Qué sucedió desde ese momento hasta nuestros días? Aquí viene la locura de mi teoría. Yo estoy convencido de que la evolución se basa en dos factores simultáneos.

Por una parte en todo momento (incluso ahora) hay infinitas mutaciones de todos los seres vivos conviviendo simultáneamente. Cada mutación se puede adaptar mejor a alguna circunstancia especial del ecosistema, otras, las más, son totalmente irrelevantes para la adaptación y la evolución.

Por otra parte la selección natural sólo se da si es necesario y si hay tiempo suficiente para adaptarse. Es decir, si el cambio es demasiado brusco no tienes tiempo para adaptarte y tu especie perece. De modo que hace falta que en el grupo haya algunos indivíduos que tengan una mutación que les permita sacar ventaja del cambio. No se trata sólo de adaptarse, se trata de sobrevivir uno antes que los demás, de perpetuar tu especie.

De este modo, en el trayecto desde Lucy hasta nuestros días es evidente que de todas las infinitas mutaciones que le sucedieron al protohombre la que más necesitó, aquella de la que más ventaja sacó fue precisamente la que le permitía cazar como el león y estar varios días sin comer hasta la siguiente cacería…o esperar a base de raíces hasta que su cosecha diera fruto, o hasta que el cambio de estación trajera de nuevo las lluvias, los animales de caza etc.

En este contexto hay que pensar como lo haría el hombre primitivo, que no sabría escribir pero que no era tonto. ¿A qué mujer escogería para aparearse, a la más delgadita y estrechita de caderas cual Barbie de la edad de piedra? ¿o a la más gordita, llena de reservas para las épocas de poco alimento, con caderas anchas para parir mejor, con pechos grandes para alimentar mejor a su prole?

El hombre de piedra no sabría leer pero no era tonto, cogería a la gordita de caderas anchas, todo un sacrilegio para las pasarelas de hoy.

Pero no podemos olvidar que esa es nuestra herencia. Con la cadera estrecha el parto no podía salir bien. Esas mujeres perecieron.

Una mujer de cadera ancha podría tener muchos hijos sin tener problemas y al rato del parto estaría trabajando.

Esa reiteración en la selección de los más preparados para sobrevivir, de los más preparados para acumular grasa, de las mujeres más preparadas para parir con facilidad y con reservas en su cuerpo para aguantar y alimentar a su prole pese a la escasez de alimentos es la que ha provocado que nuestro cuerpo sea una despensa viviente y de anchas caderas en el caso de las mujeres.

Nuestro cuerpo no es culpable ni sabe que ya no estamos padeciendo penurias, no sabe que tenemos un Mercadona en cada esquina, no sabe que tenemos amburguesas y comida rápida, ni golosinas o chucherías. Nuestro cuerpo sólo sabe que por cada caloría que gastas necesita acumular otras tantas o más para su propia supervivencia. Es lo que ha aprendido en siglos de evolución, lo tenemos grabado en los genes.

Esa es la razón del efecto rebote cuando se hace dieta, sobre todo si nunca antes se ha hecho. El cuerpo tiene ese recurso de engordar, pero no siempre lo pone en marcha y no siempre con la misma energía. Basta un desencadenante para que se vuelva loco y se ponga a engordar como un poseso.

Al hacer una dieta drástica tú sabes lo que estás haciendo y por qué pero tu cuerpo no entiende nada de nada. Sólo sabe que hasta hace bien poco tu lo alimentabas y el hacía lo que había aprendido, sisarte un poco para la despensa. En cuanto tu dejas de alimentarlo despiertas el gen “avaro” que llamo yo. Es un gen que puede estar dormido en la mayor parte de las personas y que cuando lo despiertas todo se descontrola.

Pues bien, al hacer una dieta salvaje, de estas de perder 7 kilos por mes, nuestro gen se despierta y jura venganza. ¿Qué hace este gen en cuanto bajas la guardia? lo que harías tu en una época de escasez como la de ahora: ahorrar más, todo lo que puedas, por si llega otra hambruna como esta que estás pasando que te pille con más, muchas más reservas todavía. Al poco que te descuidas en la dieta engordas más y mucho más deprisa. Y encima nos extrañamos.

El cuerpo lo que está haciendo es defenderse de una agresión, prepararse para la siguiente oleada de escasez…o por si la hay. Vamos, que en lugar de arreglarlo lo que hemos hecho es despertar a la bestia.

Nuestro cuerpo no sabe no engordar, es lo que ha aprendido. Gracias a esa cualidad estamos hoy aquí. Si no hubiéramos podido engordar habríamos fallecido en África.

Nunca antes de ahora, nunca en la historia de la humanidad hemos estado tan ciegos como para hacer del cuerpo delgado un culto y un fin en sí mismo cuando es lo único que nos puede matar…como de hecho sucede. ¿Por qué será que hay trastorno de la alimentación sólo si se pretende estar más delgado de lo que es saludable pero no pasa nada mental ni mortal si engordamos? Si, ya se que me estáis interpretando mal algunos, pero seguir leyendo y lo explico.

Una cosa es que la obesidad mórbida te mate, que lo hace, y otra distinta que el que la padece no quiera salir de ella. Es todo lo contrario.

Es decir que el que cae en las garras de la “delgadez” se trastorna hasta el punto de no poder salir de ese agujero. El que entra en la obesidad no pierde la cabeza, sabe lo que se juega y hará lo posible por no morir de un infarto.

Dicho de otro modo, estar gordo es natural, el cuerpo lo asume como tal y nuestro cerebro también. Estar delgado no es normal, nuestro cuerpo lo sabe y el cerebro tambié de modo que sólo te puede mantener en ese nivel de esquizofrenia haciendo que pierdas totalmente el juicio.

Como veis no hay base científica ni nada que se le parezca, sólo un montón de ideas cogidas con alfileres que me apetecía compartir.

Sólo son eso ideas. Espero que nadie busque nada más porque no lo hay.

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